Ayurveda, la medicina tradicional de la India, está ganando mucha popularidad en el mundo occidental, al igual que la Medicina Tradicional China y otros sistemas que se basan en los conocimientos y la experiencia de miles de años, en la sabiduría de la Naturaleza.
Estas medicinas siempre van unidas a una filosofía o concepto de vida, porque se ocupan del cuerpo y del alma, y empiezan por ayudar a la persona a comprenderse a si misma, su naturaleza única y personal, y cómo otras naturalezas (personas, comida, clima, profesión, etc.) afectan a ésta.
Enseñan a prestar atención a las señales del cuerpo, a intuirlas y entenderlas para ayudarle a recobrar la armonía. Apreciarlas significa apreciarnos, percibirnos con amor. Y si nos percibimos con amor, podemos comprendernos, aceptarnos como somos, con todos nuestros atributos personales.
Ayurveda no es sólo la medicina tradicional de la India, es una ciencia de la vida tan completa, que ha sobrevivido a la industrialización y a la alta tecnología, porque integra todos los aspectos del ser individual en relación con su entorno y su situación personal.
Para armonizar nuestra naturaleza con la Naturaleza, utiliza la dieta, las plantas, los metales, los aceites, los masajes, prácticas de yoga y disciplinas de meditación, pero lo más importante es que enseña a las personas a ser conscientes de sus percepciones.
Cuando entré en contacto con la sabiduría ayurvédica, sentí como si se abriera una puerta a un lugar de mi inconsciente profundo y, de repente, tuviera acceso a algo que ya era parte de mí. He comprendido que Ayurveda, es incluso más que una medicina, es, como dice su nombre (ayur es vida y veda es ciencia) la ciencia de la buena vida. Esto significa que es una ciencia abierta a adaptarse a las necesidades y el entorno de cada individuo, y a utilizar os medios más adecuados disponibles en la aplicación de sus principios básicos.