Estrés – el detonante bioquímico del modo protección de nuestras células

Cuando nos encontramos en nuestro modo de crecimiento interior, la inteligencia inherente a nosotros dirige nuestra energía hacia el sistema nervioso autónomo, al que pertenecen áreas importantes de nuestro cuerpo, necesarias para el crecimiento y la producción de energía, como el corazón, el pulmón, los órganos digestivos y los sistemas nervioso y reproductivo. No obstante, en cuanto nuestra inteligencia central valora percepciones del exterior como amenazantes, activa el llamado “eje-HPA” (eje hipotalámico-pituitario-adrenal). Pero sólo lo hace, si las percepciones son evaluadas como amenazantes. A continuación trataremos esta evaluación con más detalle.

Empecemos primero con el eje HPA, que regula las hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol. Mediante su activación se pone en “stand-by” la conexión entre los hemisferios cerebrales (en el cuerpo calloso); la sangre y la energía del cuerpo temporalmente sólo sirven a los músculos y los huesos. El cerebro trabaja con “programas” viejos, todo está adecuado para la lucha o la huida. “Corremos” en el modo protección, que es importante para la supervivencia. A través de la activación del sistema de protección exterior en una situación percibida como “amenazante”, simultáneamente se pone en “stand-by” el sistema de protección interior, el sistema inmunológico. Cuando nuestra inteligencia central envía la información de “cese de amenaza” al resto del sistema celular, puede volver a activarse lentamente el modo crecimiento. Lentamente, porque los valores de cortisol y noradrenalina pueden seguir altos hasta seis horas más tarde. De este modo corremos el riesgo de obtener un continuo nivel aumentado de hormonas de estrés en sangre, aunque sólo tengamos pocas vivencias estresantes a lo largo del día. Un nivel de cortisol alto continuado crea asimismo un efecto de hábito. Eso significa que nuestro cerebro estimula el cuerpo a producir cortisol, aunque ya no se perciba estrés. Nuestra realidad interior queda entonces impregnada por el reflejo de lucha o huida, y nuestro estado interior se reduce simplemente a funcionar, por lo que casi no queda energía para nuestro modo crecimiento. Poco a poco experimentamos el modo protección como nuestro “estado normal”.

stress

¿Podría ser esto también la causa de por qué somos tan propensos a nivel colectivo a coger infecciones como, por ejemplo, la gripe? Y estamos convencidos, también a nivel colectivo, de que la culpa de nuestra propensión a las infecciones gripales  la tienen amenazas externas, dios o los genes. Para la industria del sector hospitalario es estupendo que pensemos así. Lo aprovecha para justificar por qué las vacunas preventivas son imprescindibles actualmente. Es un círculo vicioso, que definimos como “explosión de costes en el sector de la salud” y que, desde la perspectiva de nuestra inteligencia cuántica, es un lujo muy caro que nos permitimos como sociedad. No hay que olvidar que la industria farmacéutica es privada y necesita producir beneficios para sus accionistas.

Extracto del libro “Inteligencia Cuántica” de Klaus P. Medicus (Ed. Obelisco)

Afortunadamente, podemos aprovechar este conocimiento a nuestro favor. Podemos decidir detener nuestras historias. Una secreción “normal” de adrenalina dura sólo 90 segundos, pero nosotros reavivamos nuestra adrenalina casi permanentemente al  darle vuelta en la cabeza a esas historias una y otra vez. Cuanto más nos alejamos de nuestros habituales lamentos interiores y dirigimos más atención a la información pura, antes reconoceremos las indicaciones positivas de los sucesos externos y los valoraremos de otro modo. Eso nos ayuda a estar en  el campo de nuestra sabiduría interior y, por supuesto, en el modo crecimiento de nuestras células.

 

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