La Curación como Restauración de Forma/Estructura/Aspecto

 

Extracto del capítulo 6 del libro de
Ulrich Warnke:
“Quantenphilosophie und Spiritualität”
(Filosofía Cuántica y Espiritualidad)

La Curación como Restauración de Forma/Estructura/Aspecto

La materia de todo organismo viviente, también del ser humano individual, posee una forma y una fisionomía consistente que se establece en base a una “información” almacenada. Esto es válido asimismo para los agregados moleculares (proteínas, nucleótidos). Decisivo para la función de los organismos, tanto a nivel micro como macro, es la forma/estructura/aspecto.
El hecho de que forma/estructura/aspecto de un organismo se mantenga igual durante toda una vida es sorprendente, ya que se sabe que todos los elementos del cuerpo, excepto algunas pocas excepciones (ADN, algunas neuronas y las células del corazón), se remplazan y renuevan completamente cada 5 a 7 años. Por lo tanto, tiene que haber algo más allá de estos elementos que, independientemente de esta continua transformación, se cuide de mantener permanentemente forma/estructura/aspecto: una información original que asegure que cada nueva disposición sea idéntica a la anterior y que forma/estructura/aspecto se reconstruya una y otra vez mediante las mismas conexiones activadas entre átomos y moléculas.

Por tanto, nuestra definición de curación es: La curación de la materia corporal es primordialmente la restauración de la forma/estructura/aspecto para una óptima función. Un alma sana y un espíritu equilibrado son condiciones previas para un efecto duradero de esta restauración.

Aquí ya se ve que la curación se sirve de un relé temporal biológico, o sea de un salto temporal al pasado. Tiene lugar un acceso a una información guardada anteriormente. En el capítulo 5 ya hablamos de una matriz, un campo/patrón superior y original, en el “mar de todas las posibilidades”, que seguramente es programable, pero sobre todo que está totalmente impregnada por la información original. Más adelante mostraremos ejemplos de cómo también en nuestro cuerpo disponemos de esta información original, y generalmente de forma automática. De momento, aún necesitamos algunos conocimientos básicos más para comprenderlo.
En lapsos temporales se construyen patrones típicos a partir de diferentes componentes de fuerza, que median entre las moléculas. Esto vale para todos los patrones de los que estamos compuestos y que se hallan en cada célula – en forma de membrana, de estructura proteica, de núcleo celular, de vesícula, etc. Lo más fácil es explicarlo con el ejemplo de un copo de nieve, ya que justo su estructura hexagonal es un patrón decisivo de la efectividad del agua propia del cuerpo en cada organismo. En primer lugar, este patrón posee una fuerza mayormente constante como consecuencia de la energía de enlace del agua con 2,5 eV por enlace (241 kJ/mol) y, en segundo, una fuerza variable en forma de enlaces de hidrógeno con 0,13 a 0,32 eV (30,5 kJ/mol), lo que corresponde a una vibración electromagnética de una frecuencia de 3,14 a 7,26 x 10¹³ Hz. Y, justo esta vibración electromagnética está en resonancia con las enzimas activas, lo que significa un apoyo energético de la actividad enzimática.
Fuerzas y tiempo sólo aparecen en masas, como ya hemos explicado detalladamente. Electrones y protones, las unidades más pequeñas de masas cargadas, son la fuente de un campo de fuerza emisor continuo. Y esta fuente de energía inagotable, que definimos como cargas elementales, procede del Vacío. Las causantes de las operaciones de fuerzas y tiempo son justamente estas cargas con sus potenciales eléctricos. Las cargas se trasmiten mediante fotones; fotones virtuales en el caso de campos estáticos y fotones reales en el caso de campos electromagnéticos.

Sin embargo, los fotones sólo transmiten la información para las fuerzas en las masas, no las fuerzas mismas.

Por tanto, los fotones son los mediadores de la comunicación. Todas las conexiones en el organismo se realizan en definitiva mediante la actividad de electrones, que se transmiten a través de los respectivos spins. Los spins son las informaciones de las funciones de ondas (del electrón) al colapsar, convertidas en realidad.
¿Cómo saben los electrones y los fotones, cómo nos han de construir, cómo repararnos si estamos dañados y cómo hacer que funcionemos de nuevo? Para ello necesitan una información muy amplia, justo esa información original.

“Realidad e información son lo mismo. Información es el elemento primordial del Universo.”  
Anton Zeilinger

Ya habíamos dejado claro que podemos guiar las informaciones hasta la materia con la ayuda de del consciente/subconsciente. Pero la constitución esencial del organismo ya ha sido consolidada anteriormente por otros mecanismos. Para comprender cómo el organismo recluta la información original mencionada, tenemos que revisar muy brevemente con qué fuerzas trabaja y cómo actúa aquí la información:

  1. Las fuerzas electroestáticas de Coulomb (corrientes eléctricas generales, sistemas de reacción redox, formación de moléculas, potenciales de membrana, entre otras)
  2. señales electroestáticas pulsantes repetitivas (potenciales de acción y nervios, entre otros)
  3. vibraciones longitudinales electroestáticas, fonones y solitones (proteínas, especialmente enzimas, ADN)
  4. fuerzas electromagnéticas de vibraciones transversales (conexiones moleculares, enzimas ADN, entre otros)
  5. señales electromagnéticas intermitentes (membranas neuronales, neurotransmisores, mediadores, entre otros)

En el organismo, nada se mueve sin la actividad de las proteínas (= “lo primero en la vida”). En casi todas las funciones corporales participan enzimas, y éstas están formadas por proteínas. Las proteínas actúan a través de su especial forma/estructura/aspecto, como lo que llaman hélice-alfa o también como estructura de hoja plegada. Una transformación de esta estructura global – se habla también de configuración o conformación – hace posibles funciones de importancia vital. La transformación de la estructura global es posible por la modificación matizada de los enlaces entre los elementos de construcción, los aminoácidos, mejor dicho, por una ligera modificación del ángulo de enlace. Esto presupone una modificación de las energías de enlace. Y, como las energías de enlace son idénticas a frecuencias determinadas de vibraciones electromagnéticas, unas frecuencias de banda extremadamente estrecha (de vibración electromagnética) pueden influir en la configuración/conformación y en la actividad de las proteínas/enzimas.

En esta imagen, se puede observar lo específicos que tienen que ser los ángulos de los enlaces entre los aminoácidos en la naturaleza: 117º, 122º, etc. Si alguno de estos ángulos no se encuentra al grado concreto en su lugar correspondiente, se producen proteínas y enzimas malformadas, que para el organismo sólo representan barro proteico. En el caso de los priones que provocaron el “síndrome de las vacas locas”, se trata de este tipo de proteínas malformadas que, a partir de mayor cantidad, llevan a la enfermedad. Los ángulos son estabilizados a través de los campos eléctricos y electromagnéticos naturales del entorno, que se encuentran en un equilibrio adecuado.
Una falsa forma/estructura/aspecto también puede crearse por medio de influencia antinatural de frecuencias vibratorias electromagnéticas no adecuadas, por ejemplo, las producidas por la técnica, como las de los teléfonos móviles. Una hiperacidificación del organismo puede producir amplitudes e intensidades altas en las vibraciones electromagnéticas de los iones de hidrógeno (H+). O, podría no haber suficientes electrones de carga negativa en el cuerpo para ser transportados por el hidrógeno, o sea una densidad hídrica reducida (potencial redox), lo que pasa cuando tomamos poca fruta y verdura fresca, recién recogida. O, la cantidad de fotones, que corresponde a la banda de frecuencia electromagnética de 3–10 pm, es demasiado grande, como cuando hay fiebre, o demasiado pequeña, como en el caso de sensación de mucho frío (“temperatura”).
La forma/estructura/aspecto y sus patrones dependientes siempre tienen desviaciones en la construcción, cuando los enlaces están alterados en espacio y tiempo. Como consecuencia aparecen alteraciones funcionales y no puede realizarse una curación.
Al preguntarnos para qué necesitamos la materia, ya supusimos en el capítulo 3 que la “sanación” de la materia (una construcción de espacio y tiempo) es una necesidad para asegurar adecuadamente las resonancias para la formación de realidad, o sea de fuerza, fases de tiempo, sentido y significado. Si observamos este plano, se ve claramente que la enfermedad es, en última instancia, una alteración del enlace entre moléculas que ya no permite resonancias, y la sanación es el restablecimiento de los enlaces adecuados, a través de los que las propiedades de recepción y emisión de energía necesarias vuelven a ser factibles.
Esto es válido tanto para el micro plano (estructura primaria y secundaria de proteínas, configuraciones de exactitud angular y conformación de enzimas, formación de hélix del ADN) como para el macro plano.
La condición previa absoluta para la formación de realidad de patrones de espacio y tiempo sanos en su forma/estructura/aspecto es el acceso a una información original:

> resonancia energética (como en cualquier proceso de medición)
> coherencia = fase armónica u orientación armónica en el espacio y tiempo
> polarización, o sea, se fija la dirección de la onda en el espacio y tiempo.

Esto ya lo habíamos descrito en el capítulo 3 la resonancia también se crea mediante dimensiones de espacio específicas. Éstas a su vez se crean por las imitaciones a partir de una mayor densidad de electrones. Estas “paredes” deciden si hay reflexión o absorción. De este modo, se produce la selección de determinadas frecuencias de ondas electromagnéticas.

La coherencia en el organismo es un importante principio de refuerzo. Con sus elementos lípidos alineados, las membranas y paredes celulares son claros mediadores de coherencia, ya que sobre todo la difusión de radicales paramagnéticos como el oxígeno y el monóxido de nitrógeno también alinean en grupos los spins de las moléculas, y eso, a través de los campos magnéticos naturales, muy potentes (3,8 Tesla). El tejido neuronal es igualmente una herramienta de coherencia. Esto se ve en la suma de actividades eléctricas en la EEG: las ondas alfa (atención meditativa, ojos cerrados), las ondas delta (sueño profundo), las ondas theta (coma). Los campos eléctricos coherentes también se producen en las fibras musculares, y las neuronas controlan la constitución de la proteína y la regeneración. En el capítulo 4 ya supimos que todo depende de la consciencia, también las propiedades de enlace de las moléculas. Sin embargo, la conocida ley de la “paradoja de Zenón” en la física cuántica, presentada ya con detalle en el capítulo 3, dice que estados cuánticos “observados” continuamente (y los enlaces efectúan, por así decirlo, una observación mutua) no pueden cambiar nunca, ni siquiera cuando hay otras energías estimulantes resonantes. Sus niveles energéticos se han congelado, porque el enlace impide la expansión de ondas de probabilidad. Sólo los estados cuánticos “no observados” pueden cambiar. Por ello, en un espacio de tiempo determinado, ya no hay estados nuevos. De este modo, se asegura que los enlaces débiles pueden cambiarse una y otra vez mediante la información dirigida por la consciencia, mientras que en los enlaces fuertes la consciencia sólo puede influir muy difícilmente.
Tenemos enlaces débiles entre los filamentos musculares, o sea, dentro de las fibras de actina y miosina, así como en los canales de las membranas de las células nerviosas. Por ello nos es fácil aprender a usar estas estructuras. Los enlaces fuertes existen entre otras proteínas diferentes y en el ADN. De momento son tabú para las informaciones que llegan a través de la consciencia.
Del mismo modo, las energías o informaciones de influencia externa (siempre y cuando no sean ionizantes como p.e. los rayos gamma radioactivos) sólo pueden ejercer una acción sobre los enlaces de moléculas, cuando se ha expirado su tiempo. Entonces ya no sólo es posible una nueva configuración, sino también la recuperación del pasado – algo así como un “reset”. Para este mecanismo ya existe una patente, cuyo principio conoceremos más adelante.

¿Es posible que también exista algo así en el cuerpo humano? Sí.

Por ahora, nos quedamos con lo siguiente: El proceso de curación de la materia corporal es posible mediante procesos de la consciencia, al igual que con la ayuda de medios técnicos.

 

 

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