Masaje Ayurvédico, el masaje para cuerpo y alma

Introducción

El libro y el dvd surgen de la demanda de muchas personas que participaron en mis cursos ofrecidos en los centros cívicos, para poder recordar y practicar este masaje ayurvédico, aprendido en unas cuantas sesiones a lo largo de un trimestre.masaje-ayurvedico-kathy-von-korff
Nunca hubiera imaginado que el curso de masaje ayurvédico tuviera tanto éxito. Los centros cívicos hacen un gran trabajo al ofrecer esta amplia gama de cursos, en los que la gente puede conocer prácticas innovadoras y socializadoras.
Supongo que en esta época, en la que somos más autónomos materialmente, nuestra parte emocional afectiva sufre las consecuencias. La vida cada vez es más estresante. Queremos hacer más cosas en un mismo espacio de tiempo para poder ser más competitivos. Internet nos da la oportunidad de comunicar sin movernos de casa. El resultado es que podemos pasarnos las horas de nuestra vida en nuestra mente, atendiendo pensamientos generalmente relacionados con nuestros miedos, nuestras inseguridades, con lo que creemos que pueden pensar otros de nosotros o si estamos a la altura de lo que creemos que otros esperan de nosotros.
En los últimos siglos hemos conseguido mucha libertad material o exterior. Al menos teóricamente en Occidente, hombres y mujeres de todas las clases sociales tienen el derecho de estudiar (incluso la obligación de una escolarización mínima), trabajar y alcanzar cualquier meta que se propongan con más o menos esfuerzo. Sin embargo, hay más depresiones y otros problemas emocionales que nunca, porque ahora tenemos que encontrar nuestra libertad interior. Antiguamente, para bien o para mal, cada persona tenía su lugar y su valor dentro de una comunidad, por ejemplo una tribu o una familia, y esa comunidad cuidaba de ella. Hoy en día, con toda nuestra independencia material, necesitamos la valoración de los demás para valorarnos a nosotros mismos y saber cuál es nuestro lugar. La libertad adquirida también ha dado pie a una enorme competitividad y los medios de divulgación y promoción escogen los supuestos modelos a seguir y conseguir. Esto crea mucha insatisfacción, agresividad y enfermedad.

Necesitamos volver a conectar con nuestro interior y percibir las necesidades originales de nuestro ser para salir de ese círculo vicioso. ¿Qué deseamos de verdad para nosotros mismos, que no sea ni a favor ni en contra de lo que parece propuesto o impuesto? ¿Cómo podemos ser felices en nuestra situación y con los seres que queremos? ¿Cuáles son nuestras fortalezas y nuestras debilidades personales para sacarles el máximo provecho? Y, sobre todo, ¿qué nos hace sentirnos completos en este mundo dual y dividido?

Ayurveda, la medicina tradicional de la India, está ganando mucha popularidad en el mundo occidental, al igual que la Medicina Tradicional China y otros sistemas que se basan en los conocimientos y la experiencia de miles de años, en la sabiduría de la Naturaleza.
Estas medicinas siempre van unidas a una filosofía o concepto de vida, porque se ocupan del cuerpo y del alma, y empiezan por ayudar a la persona a comprenderse a sí misma, su naturaleza única y personal, y cómo otras naturalezas – personas, comida, clima, profesión, etc. – afectan a ésta. Enseñan a prestar atención a las señales del cuerpo, a intuirlas y entenderlas para ayudarle a recobrar la armonía. Apreciarlas significa apreciarnos, percibirnos con amor. Y si nos percibimos con amor, podemos comprendernos, aceptarnos como somos, con todos nuestros atributos personales.

Ayurveda no es sólo la medicina tradicional de la India, es una ciencia de la vida tan completa, que ha sobrevivido a la industrialización y a la alta tecnología, porque integra todos los aspectos del ser individual en relación con su entorno y su situación personal.
Para armonizar nuestra naturaleza con la Naturaleza, utiliza la dieta, las plantas, los metales, los aceites, los masajes, prácticas de yoga y disciplinas de meditación, pero lo más importante es que enseña a las personas a ser conscientes de sus percepciones.

Cuando entré en contacto con la sabiduría ayurvédica, sentí como si se abriera una puerta a un lugar de mi inconsciente profundo y, de repente, tuviera acceso a algo que ya era parte de mí. Los cursos de masaje son en realidad un medio para transmitir algunos conocimientos y experiencias adquiridas a lo largo de muchos años y que me han servido a mí y a otras personas. Me gusta que sean accesibles a todas las personas que desean hacer algo para su bienestar y el de otros.

De la inmensa magnitud de conocimientos que abarca la ciencia ayurvédica, sólo he incluido lo más interesante, en mi opinión, para la comprensión y aplicación del tema de este libro. De otro modo no hubiera podido ser una sencilla guía práctica del masaje ayurvédico para amantes del bienestar. Ayurveda se estudia toda la vida.

Es tan importante conocer algo de la historia y filosofía del Ayurveda, como de sus sistemas de diagnóstico y tratamiento, porque nos muestra que no es una estructura rígida que hay que seguir al pie de la letra.

Lo mismo se aplica al masaje ayurvédico con aceite que se explica en este libro. Yo pongo a disposición del lector todos los instrumentos para aprender y aplicar el Abhyanga, pero lo que más me interesar transmitir es que el secreto de un buen masaje está en la percepción consciente. En mis cursos, las últimas dos clases siempre son el intercambio del masaje entero que dura aproximadamente una hora y media.
Después de las sesiones de aprendizaje y prácticas, mi recomendación para esos dos días es que la persona que recibe el masaje no piense en que se lo hacen bien o mal, si se siguen los pasos aprendidos o no, sino que se entregue a las sensaciones para percibir su cuerpo, sentir qué le gusta más, qué menos, donde hay una zona sensible, incluso puede que dolorosa y cómo reaccionan las emociones en algunas partes corporales.
La persona que da el masaje también debería desconectar la mente, una vez aprendidos los diferentes pasos para tener una base de conocimiento y de acción, y poner toda su atención en las manos, como si fueran escáneres que conectan con el cuerpo del otro y reciben a un nivel más sutil toda la información necesaria para realizar el mejor masaje.
Además, un masaje no se da con la idea de que se hace un favor a la otra persona, ya se presupone que es para su bien. Dar un masaje debería convertirse en una aventura emocionante, en la que las manos exploran cada vez un territorio nuevo con inmenso respeto y afecto. De este modo hay un intercambio, el masajista no se cansa y el masaje, especialmente el Abhyanga, se transforma en un placer para el que lo da y para el que lo recibe.

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