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Inteligencia Cuántica, de Klaus P. Medicus, Ed. Obelisco

Ediciones Obelisco ha publicado este interesante libro, que abre puertas a la comprensión de los procesos que se llevan a cabo en nuestro cuerpo y en nuestra mente a nivel cuántico, con indicaciones de cómo aplicar este conocimiento en el día a día.

Ya el subtítulo es significativo para el contenido:

Experimentar el bienestar, en lugar de intentar estar bien

Varios de los últimos artículos son representativos del contenido del libro. Podéis comprarlo directamente de la editorial clicando en el link sobre la imagen del libro.

¡Espero que os sea tan inspirador como lo ha sido para mí!

Estrés – el detonante bioquímico del modo protección de nuestras células

Cuando nos encontramos en nuestro modo de crecimiento interior, la inteligencia inherente a nosotros dirige nuestra energía hacia el sistema nervioso autónomo, al que pertenecen áreas importantes de nuestro cuerpo, necesarias para el crecimiento y la producción de energía, como el corazón, el pulmón, los órganos digestivos y los sistemas nervioso y reproductivo. No obstante, en cuanto nuestra inteligencia central valora percepciones del exterior como amenazantes, activa el llamado “eje-HPA” (eje hipotalámico-pituitario-adrenal). Pero sólo lo hace, si las percepciones son evaluadas como amenazantes. A continuación trataremos esta evaluación con más detalle.

Empecemos primero con el eje HPA, que regula las hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol. Mediante su activación se pone en “stand-by” la conexión entre los hemisferios cerebrales (en el cuerpo calloso); la sangre y la energía del cuerpo temporalmente sólo sirven a los músculos y los huesos. El cerebro trabaja con “programas” viejos, todo está adecuado para la lucha o la huida. “Corremos” en el modo protección, que es importante para la supervivencia. A través de la activación del sistema de protección exterior en una situación percibida como “amenazante”, simultáneamente se pone en “stand-by” el sistema de protección interior, el sistema inmunológico. Cuando nuestra inteligencia central envía la información de “cese de amenaza” al resto del sistema celular, puede volver a activarse lentamente el modo crecimiento. Lentamente, porque los valores de cortisol y noradrenalina pueden seguir altos hasta seis horas más tarde. De este modo corremos el riesgo de obtener un continuo nivel aumentado de hormonas de estrés en sangre, aunque sólo tengamos pocas vivencias estresantes a lo largo del día. Un nivel de cortisol alto continuado crea asimismo un efecto de hábito. Eso significa que nuestro cerebro estimula el cuerpo a producir cortisol, aunque ya no se perciba estrés. Nuestra realidad interior queda entonces impregnada por el reflejo de lucha o huida, y nuestro estado interior se reduce simplemente a funcionar, por lo que casi no queda energía para nuestro modo crecimiento. Poco a poco experimentamos el modo protección como nuestro “estado normal”.

stress

¿Podría ser esto también la causa de por qué somos tan propensos a nivel colectivo a coger infecciones como, por ejemplo, la gripe? Y estamos convencidos, también a nivel colectivo, de que la culpa de nuestra propensión a las infecciones gripales  la tienen amenazas externas, dios o los genes. Para la industria del sector hospitalario es estupendo que pensemos así. Lo aprovecha para justificar por qué las vacunas preventivas son imprescindibles actualmente. Es un círculo vicioso, que definimos como “explosión de costes en el sector de la salud” y que, desde la perspectiva de nuestra inteligencia cuántica, es un lujo muy caro que nos permitimos como sociedad. No hay que olvidar que la industria farmacéutica es privada y necesita producir beneficios para sus accionistas.

Extracto del libro “Inteligencia Cuántica” de Klaus P. Medicus (Ed. Obelisco)

Afortunadamente, podemos aprovechar este conocimiento a nuestro favor. Podemos decidir detener nuestras historias. Una secreción “normal” de adrenalina dura sólo 90 segundos, pero nosotros reavivamos nuestra adrenalina casi permanentemente al  darle vuelta en la cabeza a esas historias una y otra vez. Cuanto más nos alejamos de nuestros habituales lamentos interiores y dirigimos más atención a la información pura, antes reconoceremos las indicaciones positivas de los sucesos externos y los valoraremos de otro modo. Eso nos ayuda a estar en  el campo de nuestra sabiduría interior y, por supuesto, en el modo crecimiento de nuestras células.

 

El código binario de nuestras células

Bruce Lipton advirtió la importancia fundamental del modo crecimiento y del modo protección gracias a sus estudios con seres unicelulares. Cada una de nuestras células se abre cuando percibe nutrientes y se cierra cuando trata de protegerse. Cada célula y cada organismo compuesto por un conjunto de células necesita este mecanismo para (sobre)vivir. Cada día, miles de millones de células en nuestro cuerpo se desgastan y son sustituidas. Por ejemplo, cada 72 horas cambiamos toda la pared celular interior del intestino. La mayoría de nuestras células mueren al cabo de unas semanas o meses y son renovadas. En la realidad del plano celular nos encontramos en un continuo nacer y perecer, sin comprenderlo con nuestros sentidos. Este proceso elemental, que nos caracteriza, es excluido cuidadosamente de nuestra percepción diaria.

Cuanto más caso le hacemos a nuestro “ruido mental”, más nos alejamos de nuestro verdadero ser. Dirijamos pues mucho más el foco de la atención hacia las informaciones de nuestra realidad celular, que es lo que principalmente somos.Traductor-codigo-Binario

Como acabamos de saber, uno de los principios fundamentales de nuestras células está en su organización binaria. Todo está basado en la información primordial de “crecimiento” o “protección”. Cada célula individual se abre o se cierra.

La organización binaria de nuestras células se asemeja estructuralmente al principio del mundo de los ordenadores: uno o cero. Parece ser que todo nuestro universo en la realidad cuántica está creado de forma binaria sobre el uno y el cero. La reacción de protección de cada célula frente a la percepción de informaciones del entorno, y lo mismo en los organismos enteros, es un tipo de conducta fundamental que un organismo necesita para sobrevivir. Si un animal salvaje ruge en la selva, ha sido imprescindible, desde los inicios de la humanidad, protegerse para sobrevivir. Pero entendámonos: ¡para sobrevivir! También podemos llamar el estado de protección propio de nuestro cuerpo como “modo supervivencia”. Lo necesitamos para actuar correspondientemente antes de que se nos coma un león. Pero, ¿qué aspecto tienen los leones de nuestra cultura? Disfrazado de tráfico, avalancha de correo electrónico, relación de pareja, profesión, e incluso de actividad de ocio, en nuestra percepción del entorno, el animal salvaje parece acecharnos casi detrás de cada esquina.

Para una persona que tiene que huir de un león, no tiene sentido invertir su energía en crecimiento. Se trata sólo de asegurar la propia supervivencia, y para huir del león y atacarlo, se necesita toda la energía disponible. Esto significa que el foco de las energías a favor de la reacción de protección siempre es a costa del crecimiento. En ese proceso se absorbe toda la energía que no es absolutamente necesaria para el mantenimiento de los órganos y los tejidos. Una reacción de protección requiere toda la energía posible. Ya no parece necesario metabolizar nutrientes, porque se necesita demasiada energía para evadir el peligro previsto. Los latidos del corazón aumentan, se reduce la libido y la digestión, se amplían los vasos sanguíneos.

Por el contrario, en el modo crecimiento se produce un intercambio entre el organismo y su entorno: se ingieren alimentos, se eliminan productos de desecho y se metabolizan nutrientes, que se transforman en energía.

Por este motivo, una interrupción del proceso de crecimiento es extremadamente debilitante para el organismo. En el proceso de crecimiento, la energía no sólo se consume, sino también se produce. Si la actitud de protección se mantiene durante un tiempo más largo, se bloquea la producción de energía necesaria para la conservación de la vida.

Esto significa que nuestra energía vital sufre proporcionalmente al tiempo que nos mantenemos en el modo protección. Podemos llegar a interrumpir el proceso de crecimiento (nuestra propia energía) hasta el punto de verbalmente matarnos de miedo o de estrés.

Si queremos algo más que “sólo” sobrevivir, necesitamos nuestro modo crecimiento interior, también como adultos maduros. La regeneración celular sólo es posible en el modo crecimiento. Al igual que sólo disponemos de la plena capacidad cerebral, la creatividad y la intuición en nuestro modo crecimiento interior.

Por lo tanto, si realmente queremos vivir todo nuestro potencial y la conexión con la inteligencia presente en nuestras células, es necesario dedicarles toda nuestra atención.

Resumen de un capítulo del libro Inteligencia Cuántica de Klaus P. Medicus (Ed. Obelisco)