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Bruce Lipton y la visión de la libertad

Bruce Lipton fue profesor de biología celular en la facultad de medicina de la Stanford University. Actualmente es conocido a nivel mundial como conferenciante y autor de varios libros. A partir de numerosos experimentos con células individuales así como con complejos grupos celulares, que realizó a lo largo de años de investigación, logró unos descubrimientos científicos sorprendentes sobre las funciones biológicas y químicas de nuestro cuerpo. ¡Cada pensamiento y cada sentimiento se originan primero por medio de nuestras convicciones básicas inconscientes y actúa hasta en el interior de cada una de nuestras 50 mil millones de células!

Esto significa que ¡no estamos a merced de nuestros genes! Para Bruce Lipton, los genes no son más que el “fotocalco azul” molecular, el diseño de un cuerpo en el que se basa la estructura de células, huesos, tejidos y órganos. Sin embargo, nuestros pensamientos y sentimientos, impregnados por convicciones individuales, llevan información a las células, por lo que son responsables de la forma de vida de las células. De este modo, Lipton rebate la tesis de que las personas están formadas únicamente por sus genes y que éstos influyen esencialmente en su vida y muerte.

Nuestra vida no es determinada por nuestros genes, sino por nuestras convicciones inconscientes, que nos hacen reaccionar ante los estímulos del entorno.

Foto: de.wikipedia.org/wiki/Epigenetik

Nucleosome-2PYO

Así, a través de nuestros pensamientos y emociones, nos encontramos en un proceso interactivo permanente con nuestras 50 mil millones de células, en las que están almacenadas nuestras convicciones. Somos una obra de arte de procesamiento de información inteligente, a pesar de que no tenemos en cuenta la genialidad de nuestra inteligencia celular en los procesos convencionales de nuestra observación sensorial.  Mediante nuestra inteligencia celular somos co-creadores de este milagro que llamamos “vida”. Tenemos a nuestra disposición mucha más inteligencia de lo que pensábamos hasta ahora; una inteligencia con la que podemos influenciar incluso nuestra salud. En el ahora continuo nos creamos un “medio”, que es favorable o desfavorable para experimentar la salud. Se trata de dirigir nuestra atención hacia nuestro modo crecimiento en el ahora, en lugar de perseguir todo tipo de metas.

“Ambos, los genes y el entorno actúan conjuntamente. Señales procedentes del entorno o causadas por el alma permiten al organismo adaptarse, por regulación de la actividad genética, a las condiciones variables del entorno, así como a las relaciones interpersonales cambiantes. Sólo una muy pequeña parte (uno a dos por ciento) de las enfermedades presentes en la medicina actual está causada por la transformación de los genes mismos (por las llamadas mutaciones). (…) En la mayoría de las grandes enfermedades muy extendidas tenemos una situación en donde señales perjudiciales para la salud, producidas por un estilo de vida, han ajustado, o mejor dicho, desajustado los genes hasta que ha aparecido una alteración de la salud.”

Joachim Bauer, “Das Gedächnis des Körpers
“ (La memoria del cuerpo), página 22 y siguientes.

Cuando el organismo necesita la acción de un gen, éste se activa con una señal procedente del entorno y no del gen mismo. Podemos comparar esto con el uso de un mando a distancia para nuestro reproductor de DVDs. El mando a distancia no controla y dirige independientemente el reproductor de DVDs, sino que las directoras y directores somos nosotros, que manejamos el mando. Sin nuestra información desde el exterior, el mando no hace nada, porque no se puede controlar a sí mismo. De igual manera actúa la información en nuestras células, a la que también podemos llamar “espíritu” y que es quien controla nuestro cuerpo.

En este punto quiero volver a repetir las enseñanzas de la membrana mágica: el control de nuestra vida no depende de un juego de dados en el momento de la concepción, sino que está en nuestras manos. Podemos regular nuestra propia biología del mismo modo que yo manejo este programa de texto. Tenemos el poder de determinar los datos que queremos introducir en nuestro biocomputador, del mismo modo que podemos elegir qué palabras teclear. Si comprendemos qué IMPs (Integrated Mechanism Programs) o programas de mecanismos integrados regulan la biología, nos convertiremos en artesanos de nuestro destino.”   Bruce LiptonBruce-Lipton-doctor-en-Medicin

Foto de la Contra de La Vanguardia del 9/9/2011

Por tanto, la libertad es un principio fundamental de la creación, que podemos experimentar en nosotros en cada momento de percepción. La creación no es de ninguna manera algo cerrado, sino que es un proceso continuado en el que colaboramos cada momento. ¡Creamos nuestra realidad en el ahora continuo! Lo que percibimos como espíritu por un lado y, por el otro, como cuerpo está fusionado inseparablemente en los sistemas vivos. En realidad, es falso decir que están “fusionados”, porque implica que se trata de dos unidades separadas. Podemos contemplar espíritu y materia como dos informaciones complementarias de un todo, como las dos caras de una medalla. La materia, nuestras células, que podemos medir y pesar gracias a la física de Newton, está sujeta al mismo tiempo a todas las características de los sistemas de la física cuántica. Y, en cuanto empezamos a definirnos a nosotros mismos (también) como seres multicelulares, y a aprender la lengua codificada de nuestras células, podemos lograr un acceso a la percepción de las dos realidades en nosotros: un plano que está representado por los modelos de la física newtoniana, y un plano que puede describirse con los modelos de la física cuántica. Sin embargo, sólo el conjunto de los dos planos corresponde a lo que podemos percibir como nuestra realidad vital. Se trata pues de toda nuestra vivencia de salud, cuerpo, relaciones, amigos, familiares, parejas, trabajo, alegría, fortaleza, amor…

No somos biorobots estandarizados, que se pueden manejar unitariamente como una máquina. Cada persona tiene la capacidad de una interacción de sus células con la mente y las emociones para una autoregulación individual. No obstante, para utilizar esta competencia, antes es necesario estar profundamente convencidos de nuestra propia autonomía. Tenemos que despedirnos del rol del “paciente” o somos, según la palabra latina, los que “sufren pasivamente” y “soportan con paciencia”.

Extractos del libro: Inteligencia Cuántica, Klaus P. Medicus (Ed. Obelisco)